¡Un niño pequeño escucha la voz de Dios!
Ana era una mujer que deseaba mucho tener un hijo. Oró a Dios: "Señor, si me das un hijo, lo dedicaré a ti."
Dios escuchó su oración. ¡Ana tuvo un bebé llamado Samuel! Cuando Samuel creció un poco, Ana lo llevó al templo para servir a Dios.
Una noche, mientras Samuel dormía, escuchó una voz: "¡Samuel! ¡Samuel!"
Samuel corrió donde Elí: "Aquí estoy, me llamaste." Pero Elí dijo: "Yo no te llamé."
Esto pasó tres veces. Entonces Elí entendió: "¡Es Dios quien te llama! Di: 'Habla, Señor, que tu siervo escucha.'"
Cuando escuchó la voz otra vez, Samuel dijo: "Habla, Señor, que tu siervo escucha."
Dios le habló a Samuel esa noche. Samuel creció y se convirtió en un gran profeta.
Recuerda: ¡Dios quiere hablarte también! Solo necesitas escuchar.
"Habla, Señor, que tu siervo escucha."
— 1 Samuel 3:10
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