¡Los muros que cayeron con la fe y la obediencia!
Después de la muerte de Moisés, Dios eligió a Josué para guiar al pueblo de Israel a la tierra prometida.
El primer obstáculo era la ciudad de Jericó. Tenía muros enormes y gruesos. ¡Parecía imposible entrar!
Dios le dio a Josué un plan muy extraño: "Marchen alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días. Los sacerdotes llevarán trompetas."
Josué obedeció. El pueblo marchó en silencio alrededor de Jericó. Los habitantes de la ciudad se preguntaban: "¿Qué están haciendo?"
El séptimo día, marcharon siete veces alrededor de la ciudad. Luego los sacerdotes tocaron las trompetas y Josué gritó: "¡GRITEN! ¡El Señor les ha dado la ciudad!"
¡Todo el pueblo gritó con todas sus fuerzas! Y los enormes muros de Jericó... ¡SE DERRUMBARON!
¡El plan de Dios funcionó! No necesitaron espadas ni ejércitos. Solo necesitaron fe y obediencia.
Recuerda: ¡Cuando obedecemos a Dios, hasta los muros más grandes caen!
"Por la fe cayeron los muros de Jericó."
— Hebreos 11:30
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